Pedir tres versiones y después elegir
Una sola respuesta te obliga a aceptar o rechazar. Tres versiones distintas y bien planteadas te permiten comparar. El prompt y cómo decidir.
La presidenta de una asociación de vecinos tiene que encontrar el asunto del correo que anuncia el mercadillo de septiembre. Le pide una propuesta a la IA y recibe: «¡Únete a nosotros en el gran mercadillo del barrio!». Está correcto. No sabe si es bueno, porque no tiene nada con lo que compararlo. Vuelve a pedirlo, recibe una variante casi idéntica y acaba quedándose con la primera por cansancio.
Decidir sobre una sola respuesta equivale a aceptar o rechazar, rara vez a elegir. Con tres versiones realmente distintas, comparas, y la comparación hace aparecer lo que quieres.
Pedir versiones, no variantes
Si escribes solo «dame tres propuestas», a menudo obtienes tres frases que se parecen: las mismas palabras, la misma construcción, un sinónimo por aquí y otro por allá. El modelo tiende a la formulación más probable y la repite con pequeños matices.
La solución consiste en decir en qué deben diferir las versiones, es decir, fijar ángulos.
Tengo que escribir el asunto de un correo que anuncia el mercadillo de nuestro barrio, el domingo [FECHA], en [LUGAR]. Los destinatarios son los vecinos inscritos en la lista de la asociación. Propón tres asuntos de correo, cada uno con un ángulo distinto: 1. Informativo: la fecha y el lugar primero. 2. Práctico: lo que debe hacer el lector (reservar un puesto, venir a curiosear). 3. Curioso: una pregunta o un detalle que dé ganas de abrir el correo. Cada asunto tiene 60 caracteres como máximo. Los hechos se mantienen exactos de una versión a otra: no inventes ni horario ni actividades. Presenta el resultado en una tabla: ángulo | asunto | qué apuesta este asunto sobre el lector.
Los tres ángulos los eliges tú, no la máquina. Para un texto más largo, puedes hacer variar otros ejes: el tono (sobrio, cálido, directo), el punto de partida (el beneficio, el problema, una anécdota), la longitud o el lector al que va dirigido.
La última columna de la tabla te obliga a leer cada versión como una apuesta sobre el lector.
Por qué tres y no diez
Tres versiones bastan para notar las diferencias. Con diez, vuelves a caer en casi duplicados y, sobre todo, tienes que leer y clasificar, lo que anula el ahorro de tiempo. Si las tres no te gustan, no pidas diez más: di qué falta, por ejemplo «demasiado serio, más ligero, sin signos de exclamación», como en el método de iteración.
Elegir, o mezclar
Una vez que tienes las tres versiones delante, hay cuatro salidas posibles.
- Eliges la mejor y te quedas con ella tal cual.
- Tomas la estructura de una y una palabra de otra. Es frecuente y eficaz: la versión curiosa tiene un buen giro, la informativa tiene el orden adecuado.
- Pides una fusión: «Mantén el orden de la versión 1 y la formulación de la versión 3 para el final».
- Rechazas las tres, y ahora sabes por qué, lo que te da la siguiente instrucción.
Para elegir, no te fíes solo de tu gusto. Lee cada versión en voz alta, imagina al lector con prisa que la ve en su bandeja de entrada, o enseña las tres a una persona que no conozca el proyecto. Dos minutos de esa opinión valen más que un largo debate con la IA, que tampoco conoce a tus lectores.
Cuándo no compensa
Es inútil cuando la respuesta es un dato, un cálculo o una extracción: solo hay una respuesta correcta, y tres versiones te darían tres oportunidades de equivocarte. El interés aparece cuando debes elegir un tono, un ángulo o una formulación. Repetir la misma petición en conversaciones nuevas también da variaciones, aunque menos controladas: consulta los parámetros como la temperatura.
Para hacer hoy
Coge el próximo texto corto que tengas que escribir (asunto de correo, título de un anuncio, primera frase de una carta). Escribe tres ángulos que correspondan a aquello que dudas en decir, lanza el prompt y elige. Guarda en un rincón el ángulo que has descartado: te servirá para el próximo mensaje.